Nacho

Acabo de llegar a mi casa después de unos días de trabajo periodístico en México! Para empezar por la conclusión: volví tranquilísimo, contento, en paz. Viajé al D.F por Lan y tanto de ida como de vuelta hice escala en Chile. Y no sé si voy a exagerar un poco, pero creo que perdí gran parte del miedo que tenía al avión y a toda su parafernalia…

No les voy a mentir: los cinco días previos al viaje fueron terribles. Dolor en la panza, imágenes horribles, nerviosismo general, poco sueño. Una vez más, sentía que me tenía que depedir de todos porque…

Pero ya en el aeropuerto, esperando para embarcar el primer vuelo, respiré tranquilo, pensé en positivo y traté de dar el salto de afrontar de pie y con fuerza lo que venía. Y les digo sinceramente, tuve cuatro vuelos maravillosos. Incluso cuando se movió un poco, pasando los Andes o el Ecuador, me sorprendí de mi tranquilidad e incluso seguí durmiendo.

Estuve pensando en tomarme algo fuerte para “doparme”, la verdad. Pero me convencí de no hacerlo y, sólo porque venía con dos semanas de demasiado stress y muchas cosas en la cabeza, para el vuelo largo tome un cuartito de una simple pastillita miorelajante.

Una vez más, viaje perfecto.

Para graficarles el cambio: así como antes de salir de Buenos Aires estaba con los nervios de punta y casi ni dormí la noche anterior, horas antes de volver del D.F me estaba comiendo unos riquísimos tacos con vino. Comer y estar tranquilo antes de un vuelo hasta hace un tiempo era simplemente imposible.

Cuando aterrizó el último avión, sentí un placer inmenso. Y no tanto por haber regresado a mi hermoso país, sino porque creo, espero y confío que terminé de dar el paso que necesitaba dar. No creo que deje de tenerle respeto a los vuelos y que ya no sienta más un poco de nerviosismo, pero toqué tierra con la certeza de que algo importante empezó a cambiar…

Por eso… ¡¡¡mil gracias!!!

Nacho
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